Mejorando la seguridad en la anestesiología cardíaca: Prácticas actuales y perspectivas emergentes

by Lida Shaygan, DO; Amanda J. Rhee, MD; Bruce A. Bollen, MD; Miklos D. Kertai, MD, MMHC, PhD

octubre 1, 2025

Summary: 

La anestesiología cardíaca ha mejorado notablemente en las áreas de monitoreo perioperatorio, comunicación en equipo y estrategias de reducción de riesgos. Los retos actuales incluyen la complejidad del paciente, la variabilidad de recursos y la integración de tecnologías emergentes. Esfuerzos en seguridad a futuro centrados en la colaboración multidisciplinaria, la inteligencia artificial y los enfoques de la medicina de precisión.

INTRODUCCIÓN

Con la evolución de las tecnologías y los modelos de atención multidisciplinaria, la anestesiología cardíaca está en una posición especial para liderar iniciativas de seguridad del paciente en el entorno perioperatorio. Este artículo destaca los avances en la seguridad del paciente en el campo de la anestesiología cardíaca y se centra en las innovaciones y las direcciones futuras que están reconfigurando el campo. Las áreas de avance clave incluyen el manejo del bypass cardiopulmonar (BCP), la ecocardiografía transesofágica (TEE), las estrategias de anticoagulación, las pruebas viscoelásticas, los protocolos de transfusión sanguínea y el creciente impacto de los protocolos de recuperación mejorada (Tabla 1).

Tabla 1: Sistemas y estrategias para mejorar la seguridad del paciente en anestesiología cardíaca.

Área de interés Innovaciones clave Impacto en la seguridad del paciente
Bypass cardiopulmonar Recubrimientos biocompatibles para circuitos; oxigenadores y bombas centrífugas mejorados; perfusión dirigida a objetivos específicos Reducción de la respuesta inflamatoria, el riesgo embólico y el daño renal agudo.
Ecocardiograma transesofágico Apoyo en tiempo real para la toma de decisiones intraoperatorias, mejora en la detección de patologías valvulares Reducción de las tasas de reintervención, mejora en la toma de decisiones quirúrgicas, mejores resultados para los pacientes
Tratamiento de la anticoagulación Inhibidores directos de la trombina, reversión directa de anticoagulantes orales, protocolos individualizados Anticoagulación más segura en pacientes de alto riesgo, menos complicaciones hemorrágicas y trombóticas
Pruebas viscoelásticas TEG/ROTEM para la evaluación de la coagulopatía Reducción del uso de derivados de la sangre, mejora del tratamiento de la coagulación, transfusiones guiadas con precisión
Tratamiento de la sangre Recuperación celular, PCC, concentrado de fibrinógeno, estrategias de transfusión restrictivas Menores tasas de transfusión, menos complicaciones, mejora de la hemostasia
Seguridad renal Modelos de riesgo de AKI, oximetría renal, objetivos indexados de suministro de oxígeno Detección precoz y prevención del daño renal agudo
Prevención de la fibrilación auricular Puntuación del riesgo preoperatorio, bloqueadores de beta, técnicas quirúrgicas Menores tasas de ataques cerebrales, estancias hospitalarias más cortas
Recuperación mejorada Analgesia multimodal, extubación temprana, movilización temprana Recuperación más rápida, menores índices de complicaciones, reducción del tiempo de estancia en la UCI
Área de interés Bypass cardiopulmonar
Innovaciones clave Recubrimientos biocompatibles para circuitos; oxigenadores y bombas centrífugas mejorados; perfusión dirigida a objetivos específicos
Impacto en la seguridad del paciente Reducción de la respuesta inflamatoria, el riesgo embólico y el daño renal agudo.
Área de interés Ecocardiograma transesofágico
Innovaciones clave Apoyo en tiempo real para la toma de decisiones intraoperatorias, mejora en la detección de patologías valvulares
Impacto en la seguridad del paciente Reducción de las tasas de reintervención, mejora en la toma de decisiones quirúrgicas, mejores resultados para los pacientes
Área de interés Tratamiento de la anticoagulación
Innovaciones clave Inhibidores directos de la trombina, reversión directa de anticoagulantes orales, protocolos individualizados
Impacto en la seguridad del paciente Anticoagulación más segura en pacientes de alto riesgo, menos complicaciones hemorrágicas y trombóticas
Área de interés Pruebas viscoelásticas
Innovaciones clave TEG/ROTEM para la evaluación de la coagulopatía
Impacto en la seguridad del paciente Reducción del uso de derivados de la sangre, mejora del tratamiento de la coagulación, transfusiones guiadas con precisión
Área de interés Tratamiento de la sangre
Innovaciones clave Recuperación celular, PCC, concentrado de fibrinógeno, estrategias de transfusión restrictivas
Impacto en la seguridad del paciente Menores tasas de transfusión, menos complicaciones, mejora de la hemostasia
Área de interés Seguridad renal
Innovaciones clave Modelos de riesgo de AKI, oximetría renal, objetivos indexados de suministro de oxígeno
Impacto en la seguridad del paciente Detección precoz y prevención del daño renal agudo
Área de interés Prevención de la fibrilación auricular
Innovaciones clave Puntuación del riesgo preoperatorio, bloqueadores de beta, técnicas quirúrgicas
Impacto en la seguridad del paciente Menores tasas de ataques cerebrales, estancias hospitalarias más cortas
Área de interés Recuperación mejorada
Innovaciones clave Analgesia multimodal, extubación temprana, movilización temprana
Impacto en la seguridad del paciente Recuperación más rápida, menores índices de complicaciones, reducción del tiempo de estancia en la UCI

TEG: tromboelastografía; ROTEM: tromboelastometría rotacional; PCC: concentrados de complejo protrombínico; AKI: daño renal agudo; UCI: unidad de cuidados intensivos.

LA EVOLUCIÓN DE LA SEGURIDAD DEL PACIENTE EN LA ANESTESIOLOGÍA CARDÍACA

En las últimas cuatro décadas, la anestesiología cardíaca ha evolucionado hasta convertirse en una especialidad dinámica y centrada en la seguridad, fundamental para la cirugía cardíaca moderna. En los inicios de BCP, el conocimiento limitado de las respuestas fisiológicas a la circulación extracorpórea, oxigenadores rudimentarios y prácticas empíricas de transfusión contribuyeron a las altas tasas de complicaciones perioperatorias. La introducción de monitoria invasiva, como los catéteres de arteria pulmonar y las líneas de presión arterial en la década de 1980, suministraron información fundamental para el manejo hemodinámico. No obstante, la toma de decisiones clínicas dependía en gran medida de la experiencia individual, más que de protocolos estandarizados.

Las décadas de 1990 y 2000 marcaron un punto de inflexión con la adopción generalizada de la TEE, los avances en la monitorización de la heparina y la formación mediante simulación. Los profesionales de anestesia empezaron a desempeñar un papel más activo en la planificación quirúrgica, la evaluación intraoperatoria y el manejo posoperatorio, consolidando su posición como miembros esenciales del equipo de cirugía cardíaca. Junto con el auge de la colaboración multidisciplinaria, se desarrollaron estrategias de perfusión dirigidas a objetivos, optimización de los algoritmos de anticoagulación y protocolos de transfusión restrictivos. La historia de la especialidad refleja un compromiso continuo con el aprendizaje de las complicaciones del pasado, la integración de prácticas basadas en la evidencia y la adaptación continua para mejorar los desenlaces de los pacientes.

DESARROLLOS QUE MEJORAN LA SEGURIDAD DEL PACIENTE EN LA CIRUGÍA CARDÍACA

BCP y perfusión: Estrategias más seguras

La tecnología actual de BCP ha evolucionado para minimizar la respuesta inflamatoria sistémica y reducir complicaciones como hemorragias, disfunción orgánica y lesiones neurológicas. Entre las innovaciones se incluyen recubrimientos biocompatibles de los circuitos para reducir la activación plaquetaria y la estimulación de la cascada del complemento, minimizando las alteraciones de la coagulación.1 La mejoría de los oxigenadores y las centrífugas aumentaron la estabilidad hemodinámica reduciendo la hemólisis y el riesgo de embolia. Además, los sistemas de circuito BCP miniatura y cerrados disminuyen el volumen primario y la interfaz sangre-aire, lo que reduce la hemodilución y la activación inflamatoria.2 Además, la monitorización continua de los parámetros metabólicos (por ejemplo, oximetría cerebral, tendencias de lactato) permite una intervención oportuna, lo que mejora la seguridad del paciente.

De cara al futuro, la integración de la inteligencia artificial (IA) en la perfusión, sobre todo en la gestión de BCP, representa una frontera en rápida evolución en la anestesiología cardíaca. Los algoritmos de aprendizaje automático ahora respaldan las decisiones intraoperatorias críticas mediante el modelado de las respuestas de los perfusionistas expertos cuando parámetros como el suministro de oxígeno caen por debajo de 280 mL/min/m², lo que ayuda a prevenir lesiones orgánicas como la disfunción renal aguda.3

Se están desarrollando sistemas de perfusión mejorados con inteligencia artificial para analizar continuamente datos hemodinámicos y metabólicos, como el flujo sanguíneo, la presión, la saturación de oxígeno y los valores de coagulación, para dar apoyo para la toma de decisiones en tiempo real o hacer ajustes automáticos destinados a mantener unos parámetros de perfusión óptimos.4 Estos avances permiten el análisis continuo de los signos vitales y los datos fisiológicos, lo que facilita la detección rápida de anomalías y la generación de alertas en tiempo real para el equipo quirúrgico. Esta monitorización proactiva permite hacer intervenciones clínicas oportunas, reduce el riesgo de complicaciones intraoperatorias y mejora la seguridad general del paciente.4

Sin embargo, a medida que estos sistemas maduran, los retos de implementación, como la integración de datos y la estandarización entre plataformas, requerirán atención especial para garantizar que mejoran la seguridad de los pacientes sin introducir riesgos no deseados ni dependencia de los sistemas automatizados para la seguridad.

Ecocardiografía transesofágica (TEE)

La TEE intraoperatoria ha experimentado avances significativos y ahora desempeña un papel fundamental en la monitorización en tiempo real y en la orientación de las decisiones intraoperatorias durante la cirugía cardíaca. Varios estudios y análisis de registros han revelado que la TEE intraoperatoria se asocia con mejores resultados para los pacientes y una mayor seguridad en la cirugía cardíaca.5-7 Hace más de 25 años, el primer estudio mostró que el uso de la TEE intraoperatoria para guiar la reparación de la válvula mitral mejoraba la durabilidad de largo plazo de la válvula y reducía la necesidad de reintervenciones futuras. 5 Más recientemente, un amplio estudio de cohortes que usó datos de la base de datos de cirugía cardíaca en adultos de la Society of Thoracic Surgeons demostró que el uso de la TEE en la cirugía valvular y aórtica proximal se asociaba con una mortalidad a 30 días significativamente menor (3.92 % frente a 5.27 %), una reducción de los eventos cerebrovasculares o mortalidad compuesta y menores tasas de reintervención o mortalidad. 6 El uso de la TEE durante los casos de bypass coronario (CABG) también se asocia con una menor mortalidad, sobre todo en pacientes con un riesgo preoperatorio elevado.7 Además, los hallazgos de la TEE intraoperatoria durante los CABG aislados planificados permitieron detectar patologías valvulares no reconocidas anteriormente, lo que contribuyó a mejorar la toma de decisiones quirúrgicas y, potencialmente, a mejorar la seguridad y los resultados de largo plazo.7

Adicionalmente, la TEE intraoperatoria desempeña un papel fundamental para garantizar la seguridad del paciente durante la implantación de un dispositivo de asistencia ventricular izquierda (LVAD), el trasplante de corazón y el trasplante de pulmón, ya que da una evaluación en tiempo real de la función cardíaca, orienta la toma de decisiones quirúrgicas y permite la detección precoz de complicaciones potencialmente mortales.

Los análisis retrospectivos indican que aproximadamente el 20 % de los pacientes sometidos a un trasplante ortotópico de corazón presentan insuficiencia tricuspídea leve o grave en la TEE BCP posterior a la circulación extracorpórea, un hallazgo relacionado con la disfunción ventricular derecha y mayores tasas de mortalidad. 8 Durante el trasplante de pulmón, la TEE intraoperatoria desempeña un papel esencial detectando la obstrucción clínicamente significativa de las venas pulmonares (caracterizada por velocidades de flujo superiores a 100 cm/s), que se da en entre el 1 % y el 24 % de los casos.9 La TEE intraoperatoria también ayuda a detectar precozmente el empeoramiento de la disfunción del ventrículo derecho, que es frecuente después de la implantación de un LVAD debido al aumento de la precarga. La detección rápida de estas complicaciones durante procedimientos quirúrgicos cardíacos complejos ha dado lugar a mejoras en la seguridad de los pacientes y en los resultados quirúrgicos generales.

Bombas peristálticas de una máquina de circulación extracorpórea de un bypass cardiopulmonar en una cirugía a corazón abierto en el quirófano.

Manejo de la anticoagulación

El manejo de la anticoagulación en la cirugía cardíaca supone un reto constante, ya que los proveedores deben encontrar el equilibrio entre prevenir la trombosis y evitar el sangrado excesivo. Las innovaciones recientes se centraron en protocolos de anticoagulación más precisos e individualizados, lo que dio lugar a un manejo de la anticoagulación más seguro. En pacientes con trombocitopenia inducida por heparina, en los que la heparina está contraindicada, la aparición de los inhibidores directos de la trombina (por ejemplo, bivalirudina o argatroban) ha mejorado la seguridad intraoperatoria de los pacientes durante las intervenciones con BCP. La bivalirudina, en particular, se usa cada vez más durante la BCP en pacientes con trombocitopenia inducida por heparina como un anticoagulante seguro y eficaz.10

El aumento del uso de anticoagulantes orales directos también ha planteado nuevos retos perioperatorios y, por lo tanto, la innovación de soluciones de planificación preoperatoria y reversión de la medicación centradas en la seguridad del paciente antes de la cirugía cardíaca. La planificación preoperatoria incluye el momento adecuado para suspender el anticoagulante oral, las estrategias de reversión cuando sea necesario y los protocolos de reinicio después de la operación. Las guías actuales hacen hincapié en la evaluación oportuna del riesgo preoperatorio y en los protocolos de interrupción basados en el medicamento específico, la función renal y el riesgo de hemorragia de la intervención. Los agentes de reversión rápida (como idarucizumab para dabigatrán y andexanet alfa para los inhibidores del factor Xa) están cada vez más disponibles en los centros quirúrgicos de alto riesgo, lo que reduce el riesgo de hemorragias graves o retrasos quirúrgicos.11

La colaboración multidisciplinaria entre profesionales de anestesia, perfusionistas, cirujanos y hematólogos, junto con el uso de pruebas viscoelásticas para evaluar la función de coagulación más allá de los ensayos de coagulación estándar, ha mejorado aún más la seguridad de la anticoagulación, sobre todo en reintervenciones y reesternotomías.

Pruebas viscoelásticas

Las pruebas de coagulación tradicionales (por ejemplo, PT, aPTT) dan información limitada en tiempo real sobre el estado de la coagulación durante la cirugía. Las pruebas viscoelásticas como TEG y ROTEM ofrecen una evaluación dinámica y en la cabecera del paciente de la formación de coágulos, su resistencia y la fibrinólisis.12 Esta información inmediata permite un tratamiento personalizado de la coagulopatía, lo que guía la administración precisa de hemoderivados o factores de coagulación en lugar de una transfusión empírica. Por consiguiente, las pruebas viscoelásticas reducen las transfusiones innecesarias, limitan la exposición a complicaciones relacionadas con las transfusiones, como la lesión pulmonar aguda relacionada con las transfusiones, y mejoran el control de la hemostasia, lo que en última instancia disminuye la morbilidad y la mortalidad relacionadas con las hemorragias.13

Estrategias de transfusión sanguínea

Actualmente, se usan varias estrategias para optimizar la gestión de la sangre en la cirugía cardíaca, reducir los riesgos relacionados con las transfusiones y mejorar la seguridad del paciente (Tabla 2). La gestión de la sangre ha cambiado hacia protocolos de manejo de la sangre del paciente que incorporan la recuperación celular, la hemodilución normovolémica aguda y opciones terapéuticas para controlar el sangrado coagulopático.

Tabla 2: Estrategias de transfusión sanguínea en anestesiología cardíaca y su impacto en la seguridad.

Estrategia Descripción Beneficio para la seguridad del paciente
Tratamiento de la anemia preoperatoria Suplementos de hierro y eritropoyetina en pacientes anémicos Disminución de la necesidad de transfusiones, mejora el suministro de oxígeno durante la cirugía
Recuperación de células Recolección intraoperatoria y reinfusión de la propia sangre del paciente Reduce la necesidad de transfusiones alogénicas y disminuye el riesgo de infección e inflamación
Hemodilución normovolémica aguda Extirpación preoperatoria con reposición de volumen, reinfusión postoperatoria Conserva los glóbulos rojos y los factores de coagulación, aunque puede que no reduzca las tasas de transfusión
Concentrados de complejo protrombínico (PCC) Factores concentrados dependientes de la vitamina K (II, VII, IX, X) Permite una rápida reversión de la coagulopatía, reduce la carga de volumen y la exposición al plasma
Concentrado de fibrinógeno Sustitución de fibrinógeno objetivo, a menudo guiada por pruebas viscoelásticas Mejora la resistencia de los coágulos, reduce el sangrado y la necesidad de crioprecipitado
Pruebas viscoelásticas Evaluación en tiempo real de la formación y función de coágulos Guía el uso preciso de derivados de la sangre, reduce las transfusiones innecesarias
Protocolos restrictivos de transfusión Uso de umbrales basados en la prueba para limitar las transfusiones Evita la sobretransfusión y reduce riesgos como el daño pulmonar agudo asociado a las transfusiones o la sobrecarga de volumen
Estrategia Tratamiento de la anemia preoperatoria
Descripción Suplementos de hierro y eritropoyetina en pacientes anémicos
Beneficio para la seguridad del paciente Disminución de la necesidad de transfusiones, mejora el suministro de oxígeno durante la cirugía
Estrategia Recuperación de células
Descripción Recolección intraoperatoria y reinfusión de la propia sangre del paciente
Beneficio para la seguridad del paciente Reduce la necesidad de transfusiones alogénicas y disminuye el riesgo de infección e inflamación
Estrategia Hemodilución normovolémica aguda
Descripción Extirpación preoperatoria con reposición de volumen, reinfusión postoperatoria
Beneficio para la seguridad del paciente Conserva los glóbulos rojos y los factores de coagulación, aunque puede que no reduzca las tasas de transfusión
Estrategia Concentrados de complejo protrombínico (PCC)
Descripción Factores concentrados dependientes de la vitamina K (II, VII, IX, X)
Beneficio para la seguridad del paciente Permite una rápida reversión de la coagulopatía, reduce la carga de volumen y la exposición al plasma
Estrategia Concentrado de fibrinógeno
Descripción Sustitución de fibrinógeno objetivo, a menudo guiada por pruebas viscoelásticas
Beneficio para la seguridad del paciente Mejora la resistencia de los coágulos, reduce el sangrado y la necesidad de crioprecipitado
Estrategia Pruebas viscoelásticas
Descripción Evaluación en tiempo real de la formación y función de coágulos
Beneficio para la seguridad del paciente Guía el uso preciso de derivados de la sangre, reduce las transfusiones innecesarias
Estrategia Protocolos restrictivos de transfusión
Descripción Uso de umbrales basados en la prueba para limitar las transfusiones
Beneficio para la seguridad del paciente Evita la sobretransfusión y reduce riesgos como el daño pulmonar agudo asociado a las transfusiones o la sobrecarga de volumen

La recuperación celular consiste en la recolección y reinfusión de la sangre perdida por el propio paciente en la intervención quirúrgica, lo que reduce la necesidad de transfusiones alogénicas y los riesgos asociados. Este proceso reduce la dependencia de los derivados de la sangre alogénicos y se asocia con una respuesta inflamatoria más favorable, lo que mejora los beneficios generales del uso del recuperador celular durante BCP.14 La hemodilución normovolémica aguda consiste en extraer y almacenar la sangre del paciente antes de la operación, manteniendo la normovolemia, y reinyectarla después de la cirugía, conservando así los factores de coagulación y la masa eritrocitaria. Sin embargo, es importante señalar que, aunque esta estrategia se ha usado hasta la fecha, recientemente se ha mostrado que este método no reduce las tasas de transfusión sanguínea.15

El uso de concentrados de complejo protrombínico (PCC) y concentrados de fibrinógeno ha contribuido aún más a mejorar la seguridad de los pacientes en anestesiología cardíaca, sobre todo en el tratamiento de hemorragias y coagulopatías durante y después de la cirugía cardíaca. PCC es una formulación concentrada de factores de coagulación dependientes de la vitamina K (II, VII, IX y X) que se usa con frecuencia para revertir los efectos de la warfarina y tratar la coagulopatía. Permite una rápida reversión de la coagulopatía con una administración de menor volumen en comparación con el plasma fresco congelado, lo que reduce el riesgo de sobrecarga de líquidos. PCC ha mejorado la seguridad de los pacientes en cirugía cardíaca ofreciendo una rápida reversión de la anticoagulación durante procedimientos cardíacos urgentes o de emergencia, reduciendo la exposición a hemoderivados alogénicos (disminuyendo la necesidad de plasma fresco congelado y reduciendo los riesgos de lesiones pulmonares relacionadas con la transfusión), y ahora se ha optimizado en muchos algoritmos institucionales de transfusión masiva y hemorragia en cirugía cardíaca.16

La introducción del concentrado de fibrinógeno también ha revolucionado la seguridad del paciente en la anestesiología cardíaca, ya que permite una corrección rápida y específica de la coagulopatía, reduce la dependencia de los crioprecipitados, disminuye las complicaciones relacionadas con las transfusiones y minimiza las complicaciones relacionadas con las hemorragias, durante y después del bypass cardiopulmonar.17 Además, la administración dirigida del concentrado de fibrinógeno basada en pruebas viscoelásticas conduce a una mejor formación de coágulos y a menos complicaciones.

Las transfusiones, aunque suelen ser necesarias, conllevan riesgos de infección, reacción inmunitaria y sobrecarga de volumen. Las futuras estrategias de gestión de la sangre en anestesiología cardíaca están cambiando su enfoque hacia umbrales de transfusión restrictivos, salvamento intraoperatorio, corrección de la anemia preoperatoria (por ejemplo, suplementos de hierro y eritropoyetina) y transfusión autóloga cuando sea posible. Los protocolos de transfusión basados en datos, combinados con técnicas multimodales de conservación de sangre, están mejorando significativamente los perfiles de seguridad de los pacientes en cirugía cardíaca.18,19

Avances en la prevención del daño renal agudo (AKI)

El daño renal agudo (AKI) sigue siendo una complicación grave y frecuente tras un bypass cardiopulmonar, que afecta hasta al 30 % de los pacientes adultos sometidos a cirugía cardíaca y empeora los resultados posoperatorios, incluyendo la mortalidad y la prolongación de la estancia hospitalaria. Las recientes innovaciones en materia de seguridad del paciente se han centrado en la identificación temprana de riesgos y la optimización intraoperatoria proactiva. Los modelos predictivos, como la puntuación de la Clínica Cleveland, y los biomarcadores (p. ej., NGAL, cistatina C) permiten identificar de forma temprana a los pacientes de alto riesgo, mientras que la espectroscopia renal intraoperatoria con infrarrojo cercano ofrece una monitorización continua y no invasiva de la oxigenación del tejido renal. En adultos, los valores bajos sostenidos de oxigenación cerebral regional renal durante y poco después de BCP se han correlacionado fuertemente con el AKI posterior, a menudo precediendo a los aumentos de la creatinina sérica y superando a los biomarcadores tradicionales.20-22

La monitorización estrecha y la identificación precoz de la disfunción renal (p. ej. CKD preexistente, disminución de la tasa de filtración glomerular >10 % el día de la cirugía, aumento de la creatinina sérica y oliguria) por al menos 72 horas después de la cirugía cardíaca también han mejorado la seguridad de los pacientes en los casos de cirugía cardíaca y han permitido la aplicación inmediata de estrategias de protección renal.23

Otra medida clave de seguridad perioperatoria específica para el AKI en cirugía cardíaca es la perfusión dirigida por objetivos, que tiene como meta un suministro mínimo de oxígeno indexado ≥280 mL/min/m2. En un ensayo controlado aleatorio con pacientes adultos sometidos a BCP, manteniendo el suministro de oxígeno indexado por encima de 300 mL/min/m2 redujo significativamente la incidencia de AKI.24 Estudios piloto similares y aplicaciones retrospectivas informaron de reducciones consistentes del AKI usando el enfoque de perfusión dirigida por objetivos.

MEJORAS EN EL TRATAMIENTO DE LA FIBRILACIÓN AURICULAR

La fibrilación auricular posoperatoria complica hasta el 30 % de las cirugías cardíacas, lo que aumenta el riesgo de eventos cerebrovasculares y prolonga la estancia hospitalaria. Entre los avances recientes se incluyen estrategias profilácticas como la puntuación del riesgo preoperatorio (p. ej., la puntuación CHA2DS2-VASCc), la administración preoperatoria de amiodarona y el uso optimizado de betabloqueantes y amiodarona en el periodo perioperatorio.

Las intervenciones intraoperatorias, incluyendo la pericardiectomía posterior y la prevención del hemopericardio, también han mejorado el control del ritmo de largo plazo. El mejoramiento de los protocolos de anticoagulación y las herramientas de estratificación del riesgo ayudan a equilibrar los riesgos de hemorragia y tromboembolia. La optimización en el tratamiento de la fibrilación auricular reduce la incidencia de ataques cerebrales, el tiempo de estancia en la UCI y las tasas de rehospitalización, lo que mejora la seguridad general del paciente.25,26

Protocolos de recuperación mejorados

Los protocolos de recuperación mejorada después de una cirugía cardíaca (ERACS) integran estrategias perioperatorias basadas en la evidencia que reducen el estrés quirúrgico, optimizan la función multiorgánica y aceleran la recuperación. Estas prácticas pueden reducir la morbilidad, acortar la duración de la estancia hospitalaria y mejorar la satisfacción de los pacientes. Los componentes incluyen analgesia multimodal, incluyendo bloqueos regionales de la pared torácica (p. ej., bloqueo del plano fascial intercostal paraesternal) minimizando el uso de opioides, protocolos de extubación temprana, terapia de fluidos dirigida a objetivos y movilización temprana. Estas medidas reducen las complicaciones pulmonares, el delirio y la duración de la estancia en la UCI cardíaca. Los ERACS también hacen hincapié en la optimización preoperatoria de la nutrición y las comorbilidades, lo que mejora la resiliencia del paciente. En conjunto, se ha mostrado que los protocolos ERACS reducen la morbilidad, los reingresos y la mortalidad general, lo que mejora notablemente la seguridad de los pacientes.25

RETOS PERSISTENTES Y EMERGENTES EN LA SEGURIDAD DEL PACIENTE

A pesar de los importantes avances en anestesiología cardíaca, siguen existiendo retos significativos. Las tecnologías avanzadas, las técnicas perfeccionadas y la mejora de la coordinación de la atención han dado lugar a mejoras significativas en los resultados de los pacientes de cirugía cardíaca. Sin embargo, hay pocas pruebas de que se haya avanzado mucho en la reducción de los errores evitables.27 Muchas de las amenazas para la seguridad actuales no se deben a la falta de conocimientos o tecnología, sino que reflejan barreras sistémicas u operativas que dificultan la atención al paciente.

Los avances tecnológicos en anestesiología cardíaca ofrecen enormes beneficios, pero también introducen nuevas complejidades. La TEE en tiempo real, la monitorización hemodinámica avanzada y las pruebas de coagulación en el punto de atención pueden mejorar la precisión en la toma de decisiones, pero también pueden provocar fatiga por alertas, dependencia de los sistemas automatizados o sobrecarga de información. La mala integración entre los datos de perfusión, los registros anestésicos y los sistemas electrónicos de salud puede fragmentar aún más la conciencia situacional.

La creciente complejidad de la población sometida a cirugía cardíaca presenta riesgos de seguridad persistentes y en constante evolución. Los pacientes sometidos a reemplazos transcatéter de la válvula aórtica, oxigenación por membrana extracorpórea o trasplante de corazón suelen ser adultos mayores, frágiles y con múltiples comorbilidades. Mantener el delicado equilibrio entre la anticoagulación y la hemorragia, tratar la disfunción ventricular derecha o la hipertensión pulmonar durante el trasplante de pulmón y garantizar la protección de los órganos durante un paro circulatorio prolongado en casos de disección aórtica exige enfoques sofisticados basados en el trabajo en equipo. Estos casos suelen darse en entornos con recursos limitados y requieren una toma de decisiones rápida y de gran repercusión.

Para hacer frente a estos retos, no solo será necesaria una innovación tecnológica y procedimental continua, sino también cambios culturales y estructurales que den prioridad a la estandarización, la comunicación y la resiliencia en todo el ámbito del cuidado perioperatorio cardíaco. El progreso sostenido dependerá de que se aborden tanto los factores técnicos como los humanos en todos los procedimientos cardíacos.

CONCLUSIÓN

La seguridad del paciente en anestesiología cardíaca ha evolucionado mediante la innovación tecnológica, las prácticas basadas en datos y una cultura cada vez más extendida de colaboración multidisciplinar. El avance continuo en la anestesiología cardíaca depende no solo de adoptar innovaciones tecnológicas y procedimentales, sino también de reconocer y abordar los retos de seguridad persistentes y emergentes.

 

Lida Shaygan, DO, es profesora adjunta de anestesiología en el Departamento de Anestesiología, Anestesiología Cardiotorácica para Adultos, University of Texas en Southwestern Medical Center, Dallas, TX.

Amanda J. Rhee, MD, es profesora del Departamento de Anestesiología, Medicina Perioperatoria y del Dolor de la Facultad de Medicina Icahn de Mount Sinai, Nueva York, NY.

Bruce A. Bollen, MD, es anestesiólogo en Missoula Anestesiología PC y en el Instituto Cardíaco Providence, Missoula, MT.

Miklos D. Kertai, MD, MMHC, PhD, es profesor del Departamento de Anestesiología de Vanderbilt University Medical Center, Nashville, TN.


Los autores no informan de conflictos de intereses.


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